LA AVENTURA HUMANA APENAS ESTÁ EMPEZANDO

STAR TREK TNG:¿SIN CORAZÓN? DE ARALBA

– Era única en su género, Guinan.

– ¿Eso dijo Data, Capitán?

– Estábamos de acuerdo en eso; pero no dejo de pensar en el resentimiento que sentía cuando destrocé sus metálicas cervicales.

– No debería sentir remordimientos, Capitán, se encontraba en guerra con los Borg.

– No lo sé, Guinan, llegué a disparar mi arma contra miembros de mi tripulación.

– Y eso le duele ¿verdad, Picard? Estaban asimilados.

– También lo estuve yo, amiga mía, y esas mismas personas fueron las que me salvaron de los Borg; pero no había tiempo.

-¿Está seguro, Capitán? El futuro de toda la Humanidad dependía de algunos sacrificios. ¿No es así?

– No lo sé, Guinan, ojalá lo supiera… Eso es lo que está torturando.

– Esa actitud no le va a ayudar. Lo que hizo, hecho está.

En ese instante, el teniente La Forge entró en el concurrido Bar. Su expresión mostraba cierta duda, que no pasó desapercibida ni para la Elauriana ni para el Capitán Picard.

– ¿Un jugo de melocotón Galteriano, Geordi?

– No, gracias Guinan, verás. Querría hablar con el Capitán.

-¿A solas? – Preguntó Guinan, haciendo intención de apartarse.

– Guinan es de confianza, Teniente, puede usted proseguir.

– El equipo de rastreo ha sido incapaz de localizar la cabeza de la Reina Borg. Capitán, estoy desolado y realmente preocupado.

– ¿Ha preguntado al comandante Data? Él fue el último que la tuvo entre sus manos después de que yo…

La expresión de Capitán mostró ante sus interlocutores un elevado grado de auto-culpabilidad.

El Gobernante de la Enterprise activó su comunicador.

– ¡Señor Data! ¿Se deshizo de los restos del Borg, tal y como le ordené?

– Señor, hubo que realizar reparaciones de prioridad Uno en el Horno de Fusión de Materia-Antimateria. Ahora mismo me disponía a…

– Data -Interrumpió La Forge -. ¿La tienes debidamente aislada?

– Geordi, lo que queda de la Reina Borg se encuentra en el Laboratorio de la Enfermería, dentro de un campo de contención. Sus Circuitos Bio-Eléctricos no funcionan y por lo tanto no debería de producirse ningún problema.

– ¡Computadora!, aumenta al máximo la potencia del Campo – Ordenó Picard.

– Peligro. Peligro. Existe una fuga de energía subespacial en los laboratorios. – Sonó la melódica voz del Ordenador de a bordo.

– ¿Situación, Enterprise? – Reclamó respuestas más concretas el Comandante Data.

– El objeto colocado por el Comandante Data en un campo de contención está absorbiendo la energía del campo.

– Por todos los demonios, Señor Data – exclamó un preocupado Capitán.

 En el puente de mando, la pantalla principal mostraba disturbios térmicos que hacían imposible la visión de las estrellas.

– Navegante – preguntó el Comandante Riker -, ¿alguna distorsión gravitatoria?

– No, señor. El Ordenador no detecta ninguna disfunción gravito-métrica.

– Troi – se dirigió a la Consejero -, ¿alguna interferencia de carácter emocional?

– Nada relevante, Señor.

– Número Uno – intervino el Capitán tras surgir del turbo-ascensor, acompañado de Geordi La Forge y del Androide Data

– ¡Comprueben si existe alguna distorsión cuántica!

– Señor – puntualizó el Jefe de Seguridad en funciones Señor Worf -, nos encontramos muy apartados de la Zona Neutral y el Imperio Klingon no se acercaría a la Nave Insignia de la Federación sin hacérnoslo saber.

– Por lo tanto, Señores – afirmó el Capitán -, no nos enfrentamos ni a Romulanos ni a nuestros aliados los Klingon, Señor Worf…

– Peligro. Peligro – sonó insistente la voz del ordenador neural de la Nave -, el Campo de Contención ha desaparecido.

– Capitán Picard, Señor Riker -Uno de los vigilantes del laboratorio comunicó con el puente -, no sé cómo explicarlo, Señor. los restos de la Reina Borg han desaparecido.

– Señor Riker, rápido, levanten los escudos – ordenó el Capitán.

– Señor Worf – miró el Número Uno al Jefe de Seguridad, confirmando la Orden del Capitán con un simple gesto.

– Riker a enfermería, prepárense para emergencia médica. Entramos en combate.

– ¿Qué sucede, Comandante Riker? – preguntó la doctora con síntomas de evidente preocupación -, nos encontramos en medio de una operación.

– Todavía no lo sabemos; pero la nave ha sido abordada con algún tipo de tele-transportador.

– Los instrumentos de la enfermería no dan señales de alguna nave. ¿Cómo es posible, acaso se encuentra camuflada?

– Hay algo ahí fuera y sea lo que sea, como usted bien dice, no podemos verlo.

– Un rayo tractor acaba de surgir del centro de la distorsión cuántica – confirmó Worf.

– Maniobra de evasión, Señor Worf.

– Sí, Capitán.

– Señor La Forge vuelva a la Sala de Máquinas – Señaló Riker al Teniente Comandante -. Sala de Armamento preparen los torpedos cuánticos y las baterías fásicas.

– A la orden, Señor – respondió alguien por el intercomunicador -, todo preparado para entrar en acción.

– Comandante Riker, el rayo tractor enemigo ha rebotado en los escudos, pero insiste – señaló la Consejero tras visualizar su consola.

– Sala de Máquinas, Señor LaForge…

– Comandante, soy el teniente Barkley. El Oficial Geordi La Forge aún no ha llegado.

– Es indiferente, teniente, continúen con la maniobra de evasión seis punto uno y sitúen el factor de curvatura en 9.1 a cinco segundos.

– Pero Señor, eso sobrecargará los cristales de dilitium.

– Cumpla sus órdenes Teniente -intervino el Capitán, respaldando la orden del Primer Oficial -. Comandante Data, la que ha montado, queda al mando de la Nave. Señor Riker, Consejero hagan el favor de acompañarme a mis aposentos.

– Bien, Señores, si no se trata de humanoides con emociones o alienígenas con sentimientos ¿No es así Deanna?… ¿Contra qué nos enfrentamos?

– ¿Alguna hipótesis, Señor? – intervino Riker.

– Sólo existen dos opciones, Will – contestó con familiaridad el Capitán -, o los Romulanos han enviado un arma automática de tecnología desconocida o…, no quisiera ni pensarlo.

– Señor – apuntó la Betazoide -, la tecnología romulana se encuentra a la par que la de la Federación de Planetas Unidos. Ese hipotético armamento resulta inaceptable en estas circunstancias.

– ¿La otra opción? – volvió a preguntar el Comandante -, no se estará refiriendo a los Borg.

– ¿Qué otra cosa podría ser, Número Uno?

– Noto una extraña sensación en Usted, Capitán.

– Eso me temo Deanna, y es una sensación lamentablemente muy familiar.

– Pero si fueran los borg -interrumpió Riker -, ¿De dónde han conseguido la tecnología de ocultación?

– Asimilación, Riker, asimilación. Las naves Klingon poseen el sistema de ocultación inventado por los Romulanos. Muchas fueron destruidas en nuestros últimos encuentros con el Borg; pero ¿Quién nos puede afirmar que es imposible que hayan asimilado su tecnología?

– Eso sería preocupante, Capitán.

– Más que preocupante, diría yo, Número Uno.

– Emergencia, Capitán – sonó la voz de Data por el comunicador.

Ya en el Puente.

– ¿Situación, Señor Data?

– Lo que sea, Capitán, nos está siguiendo  a través del Hiperespacio. Aquí su rayo tractor es inútil; pero tampoco podemos mantener durante mucho más tiempo la velocidad de curvatura actual.

– ¿Posibilidades, Señores? – interrogó Picard.

– Podríamos adentrarnos en una Nébula -apostilló Worf.

– No lo veo factible – intervino Deanna -, los Borg ya conocen esa estrategia de un encuentra anterior con la Enterprise-D.

– Pero era otro Cubo y fue destruido – Protestó el Jefe de Seguridad.

– Señor Worf, puede que la Consejero tenga razón. El sistema de transmisión de datos del Borg es infinitamente más sofisticado que el que posee la Flota Estelar. Mis tristes recuerdos de Locutus me dicen que la comunicación de la Reina con el conjunto de los cubos es permanente.

– Entonces, sólo nos queda hacerles frente.

–  Eso parece, Número Uno, eso parece.

– Comandante Riker, estas son mis órdenes: Usted y el Señor Data se encargarán de atacar por estribor, a lo que sea, con las baterías fásicas del Platillo. Sí Señor Riker, haremos uso del Deflector Principal; Así que, tengan cuidado de mantener la suficiente distancia de seguridad.

– El Señor Worf y yo – continuó Picard -, dirigiremos nuestro ataque por babor con el módulo de combate, se entiende. Yo sé cual es su punto débil y en el momento oportuno les sorprenderemos con una andanada de torpedos de fotón.

– Compruebe, igualmente, Riker la variación de la frecuencia de los escudos. Pase lo que pase, los campos deflectores deben resistir. Hay que evitar, a toda costa, cualquier incursión o abordaje de alguna de sus sondas cibernéticas.

– Señor – interrumpió Data -, si son los borg, han recuperado la cabeza de su Reina. No podemos estar seguros de que no hayan asimilado ya nuestra más reciente tecnología.

– ¡Por todos los demonios! – exclamó Picard.

Tras una breve frenada, la U.S.S. Enterprise 1701-E, viró a estribor con la ya conocida como maniobra Picard y esa rapidez desconcertó a la misteriosa Nave enemiga. Ese breve período de indecisión fue utilizado por sendos pilotos para el perfecto desacople del platillo y módulo de combate.

Por las frecuencias subespaciales podían escucharse, debidamente encriptadas, las conversaciones de ambos comandantes.

– Capitán, como había supuesto, la distorsión cuántica se dirige hacia ustedes. Empezamos a disparar los fasers a discreción sobre la Nada.

La distorsión cuántica fue desapareciendo hasta tomar la forma corpórea que sorprendió al ser contemplada por las pantallas principales de ambas naves.

– ¡Capitán! un…

– ¡Will, un Pájaro de Guerra Romulano!

Las baterías fásicas del platillo no paraban de bombardear el Campo Deflector de la Nave de Guerra Romulana.

– Capitán, los impactos fásicos son inútiles. El Campo deflector Romulano parecer absorber la energía de nuestros rayos.

– Riker, por el amor de Dios, huyan mientras puedan. El campo tractor de los romulanos nos ha atrapado. También han inutilizados el Rayo Deflector antimeteoritos, es sólo cuestión de tiempo. Salve a su tripulación, Capitán Riker y comunique a los mandos de la Flota lo que aquí ha acontecido.

– Capitán Picard, no les dejaremos a merced de esas ratas de cloaca – intervino el Androide Data tras recibir el visto bueno del Primero.

– Sala de máquinas, aquí el Capitán Picard. Señor La Forge concentre la fuerza auxiliar en los escudos de estribor; parece que un rayo perforador intenta descuartizarnos.

– Señor, los reactores no funcionan al ciento por cien, y si desviamos la potencia auxiliar no llegaremos ni al cincuenta por cien. Entonces, Señor, seremos atrapados por el Rayo Tractor.

– La Forge, no discuta mis órdenes.

– Sólo era una sugerencia, está hecho, sólo pretendía ayud…

– Permanezcan a la espera y suelten una andanada de torpedos cuánticos en cuanto lo ordene.

– Pero Señor – Protestó el Teniente Barkley -, a esta distancia hasta un torpedo de fotón nos haría añicos.

– Cuento con esa evidencia, Señores. ¿Es que hoy se van a cuestionar cada una de mis órdenes?

– Señor Data, tome el mando de la Nave.

– Sí comandante Riker. ¿Puedo saber dónde se dirige?

– No hagas preguntas Pinocho – El Capitán del Platillo sonrió mientras daba unas suaves palmadas sobre el pesado y duro hombro del androide

– Doctora Crusher, diríjanse a la sala número siete de Transportador. Allí nos encontraremos y siga estas instrucciones…

– ¿Qué pretendes Riker? – Preguntó Beverly Crusher.

– Nos introduciremos dentro del Ave de Guerra Romulana e intentaremos hacerles el máximo daño posible desde el interior.

– Pero no entiendo, William, ¿Qué pinto yo en todo esto, qué pretendes?

– ¿Trajo los nanitos como le ordené?

– Aquí están sus nanobots, Capitán – dijo la Doctora, mostrando en sus menos un cilindro de duranio herméticamente cerrado.

– ¿Soportará el Campo de Contención de los nanitos el período de transportación? – dirigió su pregunta de un modo directo, el Comandante Riker, al Jefe O´Brian.

– Señor, no hay problema. La velocidad de transporte es a nivel cuántico. Los nanitos no pueden moverse a velocidades ni tan siquiera iguales a la de la luz.

– Bien, proceda Jefe O´Brian.

La sorpresa fue mayúscula cuando el Comandante Riker y la Doctora Crusher encontraron a los tripulantes del Ave Romulana convertidos en Borg. Sólo sus orejas puntiagudas mostraban ese hecho ante sus miradas.

– ¡Son todos romulanos! – exclamó Beverly en voz baja.

– Todos son Borg – se escuchó una bella y poderosa voz femenina nada familiar para los polizones humanos de la Nave de Rómulo.

Ambos giraron sus miradas hacia el lugar de donde había parecido surgir aquella extraña voz.

– ¡Dios mío! – exclamó Riker.

– ¿La Reina Borg? – dijo, preguntando, la Doctora.

– Cuando mis Borg me transportaron a esta nave asimilada, tras desactivar el campo de contención que me mantenía prisionera, proporcionaron alimento ultra-rápido a mis neuronas biológicas, las cuales habían permanecido en un sofisticado proceso de Stand-By criogénico. Una simple defensa que posee el Borg.

– Evidentemente – Continuó la Ciborg con su exposición -, no pudieron hacer nada mejor los romulanos por su raza y por la de ustedes. Todos serán asimilados por el Bien del Universo y de la evolución de la Inteligencia.

– No conseguirás tus propósitos -amenazó Beverly, mostrando el contenedor de nanitos -, vosotros o tú consideráis qué es lo mejor; pero hay que respetar la discrepancia- Si yo pienso diferente puedo estar equivocada; pero ¿Porqué no podrías estarlo tú? ¿Quién decide que lo mejor para mi raza es convertirse en kilos de chatarra sin inteligencia individual?

– Esto que tengo en mis manos -continuó la Doctora -, funciona en vuestras partes mecánicas a modo de virus que desactivará vuestras defensas electromecánicas dejando expuestas a lo desconocido a vuestra escasa biología. Si abro el contenedor, ¡dime! ¿En qué te convertirás?, ¿Qué protegerá  tus neuronas biológicas?, ¿Será posible que vuelvas a entrar en ese estado Criogénico?… ¡Dímelo de una vez!. ¿Quieres?

– Varios Borg Romulanos se acercaban, con hostilidad evidente, hacia la pareja invasora.

La Doctora volvió a hacer ostentación del brillante recipiente pero de sus labios no volvió a salir una sola palabra.

– La amenaza va en serio –sonrió Riker -, será mejor que soltéis el módulo de la Enterprise que intentáis dañar. Allí, Reina, se encuentran Data y Locutus. ¿Pretendéis que mueran en vuestro absurdo ataque? Tú conoces a Locutus, él jamás se rendirá. Morirá antes de ser asimilado.

– La muerte es irrelevante aunque no es nuestro motivo principal. Nuestra primera directriz es la asimilación no la muerte; pero la muerte puede ser un medio. La muerte es irrelevante –respondió el Borg -, sólo pretendemos dar una mejor vida a las razas en proceso de adquisición de inteligencia. Es por el Bien del Universo, de ellos mismos, de vosotros mismos.

– Eso me suponía Reina –contestó Riker.

– Ahora podéis marcharos; pero no dudéis que volveremos a encontrarnos y a su debido tiempo seréis asimilados y daréis la razón al Borg.

– O´Brian, proceda al transporte, como convinimos – Ordenó Riker pulsando su comunicador.

Las dos imágenes se fueron disipando del interior del Ave de Guerra Romulana, ahora Borg. Y con ella, el cilindro de duranio que contenía los nanitos; pero lo que no sabía la Reina Borg es que el contenido del cilindro había sido discriminado para no ser transportado. Ahora los borg estaban contaminados y expuestos a…

Al verse libre del mortal abrazo del rayo tractor, y sin conocer las intenciones del Número Uno, el Capitán Picard, desde el Módulo de Combate, mandó disparar la andanada de torpedos cuánticos; pero el ave de guerra romulana ya había entrado en velocidad de curvatura.

– Luego entonces, Beverly, Riker ¿La Reina Borg no había sucumbido?

– Así es Capitán –contestó Beverly -, cuando creyó desarticular sus vértebras de titanio, puso en marcha un sofisticado sistema de defensa pasiva que colocó el cerebro biológico de la Reina Borg en un estado de Catatonia profunda.

– Ahora siento, de veras, que no muriese.

– ¿Porqué Capitán? –preguntó el Comandante Riker -, ella les amaba de veras.

– ¿A quién? –preguntó Data.

– A ambos. A ti por ser su reflejo mecánico y al Capitán por haber estado introducida en él, cuando era Locutus.

– Luego entonces –afirmó Picard -, los Borg tienen sentimientos.

– Yo no diría tanto Capitán –matizó la Doctora Crusher -, los borg no tenían sentimientos; pero ahora si que los tienen. Cuando Data, usted y yo luchamos en la Enterprise-D por su supervivencia. Las pasiones y sentimientos tan profundos que surgieron en tan titánica lucha emocional contaminó al Borg mil veces más que cualquier robot autoreplicante nanotecnológicamente diseñado. La Reina Borg, Capitán, les ama de veras, tanto a usted como al Comandante Data y eso ¿no me dirá usted?, ¡Es un Principio!

– Bien Capitán y ¿ahora qué? –preguntó Riker.

– En Marcha Número Uno, salgamos de aquí. En nuestro próximo encuentro con el Borg sabremos si la hipótesis de ustedes es correcta; pero hay una cosa que no entiendo. ¿Cómo han podido ser tan encarnizadamente malévolos usted y la doctora con los Borg romulanos? ¿Porqué soltaron esos nanobots tan destructivos?

– Mentimos al Borg Capitán.

– ¿Cómo dice?

– En realidad los nanitos de la doctora estaban especializados en la reparación de tejido cerebral. No les mentimos del todo, vamos ¿creo yo?

ARALBA

 

De nuevo gracias Aralba, por tu aportación mediante este relato de La Nueva Generación  a este blog, este es el segundo de unos cuantos más que se irán publicando regularmente.

Es una Obra debidamente catalogada en El Registro de la Propiedad Intelectual, ruego a todos los lectores del Blog y que tuviesen la intención de publicarlo en sus páginas o distribuirlo por cualesquiera otros medios, que estén autorizados por Aralba, siempre y cuando no haya un trasfondo de conseguir beneficio económico alguno, de forma directa o indirecta.

Por otro lado, también es necesario que indiquen la autoría del trabajo; es decir ARALBA.

Clickeando o pinchando en el siguiente enlace podréis leer el primer relato de Star Trek La Nueva Generación cuya autoría es de Aralba:

https://lascronicasdestartrek.com/2011/11/07/star-trek-tng-el-hermano-mayor-de-antonio-ruiz-aralba/

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4 comentarios

  1. Cuando Picard rompe las vértebras de titanio de la Reina Borg, a mí se me hizo trizas el concepto que tenía de ese Capitán de las Enterprise D y E. Haciendo eso yo lo veía tan deshumanizado como los propios Borg. Fue por ello por lo que intenté resucitar a la Reina Borg y hacerle sentir el remordimiento de consciencia al Capitán Picard. También quise mostrar el porqué algunos borg tenían las orejas extrañamente puntiagudas. Espero que guste y si recibo comentarios estaré muy agradecido.

    Aralba

    23 febrero, 2012 en 21:47

    • Como bien sabes Aralba todo lo que sale de tu pluma me encanta….este relato particularmente me fascina…. y superagradecido por haber elegido este humilde blog para su publicación y difusión…. es un honor.

      Un saludo vulcano amigo.

      Capitán Silverspock

      23 febrero, 2012 en 22:04

  2. Pingback: STAR TREK TNG:EL MISTERIO SE LLAMA GUINAN de Aralba | LAS CRÓNICAS DE STAR TREK (THE CHRONICLES OF STAR TREK)

  3. Pingback: STAR TREK:GALAXIES CROSSOVER de ARALBA | LAS CRÓNICAS DE STAR TREK (THE CHRONICLES OF STAR TREK)

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